Payasos sin Fronteras

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Payasos sin Fronteras

Payasos sin Fronteras mejora la situación emocional de la infancia que sufre conflictos bélicos, catástrofes naturales o situaciones de exclusión, mediante espectáculos cómicos realizados por payasos y payasas.

Durante sus 20 años de existencia ha realizado 708 acciones en 98 paises, se ha alcanzado un público de 3.547.980 personas, y se han llevado a cabo 10.707 espectáculos. Actualmente hemos concentrado nuestras actividades para llevar alegria a la infancia refugiada siria y actuamos en los campos de refugiados de Jordania y Líbano. También realizamos acciones en Costa de Marfil, Etiopia, Kosovo, Bosnia y Colombia.

Como consecuencia de la crisis en España hemos reforzado las acciones en nuestro territorio de orígen, focalizando nuestro trabajo en hospitales, centros para discapacitados, centros penitenciarios y otros lugares donde la infancia vive una situación especial.

Apoyamos emocionalmente a la población afectada por conflictos o catástrofes. La acción humanitaria precisa siempre de un componente de apoyo psicológico y emocional, no sólo individual sino colectivo. Para la población afectada es importante verse reír, verse unos a otros riendo, es una señal de permanencia y de resistencia ante la adversidad que fortalece los procesos de resiliencia.

Trabajamos en proximidad con los beneficiarios. Se trata de un tipo de acción en el que se interactúa con los niños y niñas, en el que se establece un contacto totalmente horizontal con los beneficiarios, en el que los artistas se muestran a pie de tierra en pleno esfuerzo por arrancar risas al público.

Damos importancia a lo inocente, al juego, al humor blanco. En lugares castigados por la guerra las acciones de Payasos aportan una visión inocente y sin malicia, que es imprescindible para dejar una puerta abierta a la esperanza.

Potenciamos un espacio transgeneracional. En los espectáculos en general siempre se encuentran adultos y pequeños, y eso posibilita que se genere un canal de comunicación que normalmente en estos contextos permanece ahogado. Los padres ven a sus hijos reír y en algunos casos el efecto que eso causa en los adultos es más potente que el que causa en los mismos niños.

Regalamos lo inmaterial. Siempre hemos evitado que nuestros espectáculos o acciones se mezclen con donaciones materiales porque en lo que realmente consiste nuestro trabajo es en materializar la empatía, y en demostrar que sabemos que las personas que sufren guerras o catástrofes naturales necesitan ser reconocidas como iguales, como personas que sufren emocionalmente, y que no únicamente precisan de la materialidad para recuperarse.

Tendemos puentes entre pueblos enfrentados. Ya sea trabajando en una misma gira con ambas poblaciones o incluso juntando niños y niñas de comunidades en conflicto, nuestra actitud equipara a la infancia ante los adultos enfrentados. Ya es un mensaje que genera conexión que sepan que lo mismo que hacemos para albaneses lo hacemos para serbios, o lo mismo con palestinos que con israelíes.

Redimimos el espacio público. En la mayoría de los campos de refugiados del mundo, si partimos de la base de que el refugiado no puede ser concebido como ciudadano pleno, el espacio público como se entiende en los países que viven en normalidad no se conoce. Nosotros, mediante nuestras actividades, rescatamos o dotamos de significado al lugar de encuentro entre pequeños y mayores, al lugar de juego, de distracción inocente para todos.

La mujer es protagonista. En todos nuestros espectáculos participan mujeres, payasas, acróbatas, malabaristas, y eso al tiempo que genera un mensaje que aporta un nuevo equilibrio que rescata a las mujeres, también redescubre en las niñas el humor femenino y su simbólico. No todo se puede decir desde la comicidad masculina, las mujeres también tienen su propia risa.

La risa contra el dolor de la guerra. Mediante talleres de juegos de payasos y payasas ayudamos a personas que han sufrido traumas graves relacionados con la guerra. Les abrimos una puerta a fijar su atención en algo nuevo y positivo con el fin de descargar obsesiones. Nosotros no nos definimos como terapeutas pero las organizaciones con las que trabajamos valoran nuestro trabajo como terapia.